Con escarcha en la boca …

30 Sep, 2007

La posible pérdida y la macroignominia.

Posted by: Nacho In: Mundo Porfidio

Lo que les voy a contar a continuación es una historia que me sucedió hace muchos años, cuando yo era un niño, aunque ya casi a punto de ingresar en las temibles filas de la adolescencia. Les puede parecer raro que yo haya sido una persona solitaria en los primeros años de existencia, pero así fue, solía pasear tranquilamente por el agreste entorno que me protegía, como con un bucólico campo de fuerza que repelía todo mal y eso se reflejaba en la confianza que mis padres depositaban, sabedores de la falta de delincuencia por esos lares, al dejarme disfrutar de largos paseos cada tarde después de hacer mis deberes escolares por los alrededores de mi casa. Solía caminar durante un buen rato y luego dejarme llevar por la imaginación sentado en algún claro de los bosques que rodeaban el terreno. Dada mi capacidad para dejar volar mi mente y el tiempo que ha hecho mella en mi memoria, no sabría decir si aquel encuentro que tuve con unos seres de dudosa procedencia fue real o no. Pero lo cierto es que un buen día, encontrándome yo inmerso en las maquinaciones aerostáticas en las que planeaba mi curioso engranaje mental, fue que se me aparecieron tres seres de aspecto humano ahumado, tras cruzar una columna de gases fortuitos que se dibujaron en la calma de la tarde como por arte de magia. Estos tres seres tenían gestos graves, pero familiares, muy parecidos a los de los seres humanos adultos, vestían ropa extraña pero de corte gabardinesco, la cual portaban con garbo y una enjutez propia del que a la vista se muestra enemigo de los lípidos. La figura de en medio se adelantó unos pasos y me extendió la mano, para luego hablarme en un idioma que entendí perfectamente, era como mi lengua materna pero con unos términos muy técnicos, aunque extrañamente muy acogedores y lógicos, lo que me allanó el camino anfitrionamente, creando una situación inmejorable para el entendimiento recíproco entre aquellos seres y el que esto narra.


Hola, terrícola humanoide, hemos decidido mantener contacto verbal y visual con vosotros porque este planeta que vosotros pisáis reúne una coyuntura muy parecida a la nuestra. Ante todo me presentaré, no sin antes hacerlo con los que me acompañan, a mi derecha se encuentra Publieste Adón, perteneciente a la familia de los Gestores de Deudas de Dudoso Cobro, a mi izquierda, en cambio, no sufre otro que mi querido Lemínido Sobrestático, acogido desde niño en el grupo de las Partidas Pendientes de Aplicación, un triste grupo de balas perdidas, vidas aún sin saber en que emplearse, diciéndolo con palabras que tú puedas entender. Por último, apostillar que yo soy Plaquético Cicátrica, presidente honorífico de los Contadores de Pérdidas y Ganancias. Seguidamente, procederé a explicar la razón de nuestro larguísimo viaje y la decisión de mantener contacto con su difícil civilización, a saber: En verdad, nuestro pueblo está caducando, somos un mundo viejo en un planeta anciano. Los creadores de nuestro Universo, ya sea uno sólo o, como constituyen nuestras creencias, Un Consejo de Administración Divino debidamente estructurado, han decidido como si fuera una malévola broma, el definir la vida de cada esfera rotatoria elípticamente a partir de un elemento básico o varios, ovarios metafóricos que sirven para germinar lo que luego en nuestras manos está, la triste y agresiva vida. A vosotros os ha tocado vivir del aire y del agua, pero nosotros hemos sido creados a partir de otro elemento básico, el afán de lucro. Es por esto que nosotros no contamos años en nuestras inversiones, ya que el término vidas no se usa en nuestra sociedad, sino que un hombre se invierte durante varios ejercicios antes de desaparecer. Nosotros no morimos, nos quedamos obsoletos, siendo imposible el justificar más años para nuestra amortización. Tampoco envejecemos, sino que poco a poco vemos como nuestro cuerpo, al cual definimos como mercadería, sufre el devastador efecto de la depreciación de nuestro material a invertir. Los embarazos son capitalizables cada semestre y medio, como en el caso vuestro y al amor lo llamamos asociaciones limitadas, en cambio, al odio, no tiene otra forma de aludirlo salvo como OPA hostil. Pero el grave problema con el que hemos topado es la falta de nuevas expectativas para que nuestro ejercicio tenga sentido y sea aprobado por la Sagrada Junta de Accionistas a la que toda mercadería acude una vez ha terminado su inversión. Es por eso que nuestros analistas económicos, que vendrían a ser algo parecido a lo que aquí llamáis sacerdotes, han decidido dar una oportunidad de ampliación de capital a nuestra civilización, rogamos pues se nos notifique por escrito la respuesta de una posible fusión de las dos empresas que ahora forman su pueblo y el mío. Esperando noticias para una posible colaboración en un futuro próximo, nos despedimos. Les saludamos atentamente.

Y dicho esto, el humanoide retrocedió la misma distancia que antes había avanzado y volvió a situarse a la altura de sus compañeros. La nube de gases volvió a crear una cortina gris indomable en la atmósfera de aquel apacible bosque, tras la que aquellos tres seres desaparecieron de la misma manera que antes se habían hecho aparecer.
Ahora que la vejez ya está a punto de abandonarme para entregarme a los brazos de la muerte, sigo paseando con mi paso cansado por aquellos bosques que pisé cuando era niño. Tuve una vida plena, me licencié en Ciencias Económicas y en Organización y Administración de Empresas con el anhelo siempre de volver a establecer contacto con aquellos seres que de algún modo depositaron en mí la confianza de su civilización. He escrito muchos libros acerca de nuevos caminos para la inversión, he sido reclamado en numerosos países para guiar a inversores de cualquier tipo de nacionalidad, pero jamás ha sido suficiente. Aún les sigo esperando, aún sigo sopesando ideas para que ese pueblo no se muera. Mas nunca aparecen.

Así que, mirando al cielo con tristeza, pienso en aquellos seres y con todas las fuerzas de las que mi corazón y mi mente son capaces, doto una insignificante, aunque cargada de sentimiento, provisión ante la inquietud de su posible pérdida.

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"La vejez nace cuando muere la curiosidad" - por theeleb
"Los amigos de los recuerdos, son enemigos del olvido" - por theeleb

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