Allá en las profundidades vivía para deleite de ratas y anfibios desahuciados con legañas en la amplitud de miras y con una fobia a la sociabilidad de quien nunca quiso que fuera con ella la cosa, ninguna cosa, jamás nada ni nadie. Siempre dijo que su soltería sería su tesoro, “un anillo para gobernarlos a todos” decía con resentimiento parafraseando a aquella imaginación de Oxford hecha profesor literato menudo, para referirse al matrimonio que ella despreciaba con aires de dama helada que nunca se descongelará. Cierto año, allá cuando su juventud se desenvolvía con más pena que lozanía, en sus últimos veinte, conoció al que un día fue su amor. Doce horas (pues en solsticio cayó el sortiligegio sentimental) de platonismo coronario en forma de idealismo cavernario, dulce, sin engaños, sin cadalsos ni trampolines, solamente un viaje de pasión junto al sol, desde que el mismo amanece hasta que exhausto descansa. No, no se acaba ni muere, solamente se esconde cansado con el conticinio, hastiado de la jornada, así su amor también sintió en esa luminosidad que siempre se apaga. Mas amenaza de amanecer fue lo que temió esta señorita cuando surgió el nuevo bucle solar por la rendija de su habitación mientras aquel hombre yacía junto a ella en la cama. Amenaza de amanecer amando, claro está. Se asustó tanto la dama, que con aniquilar su alma no tuvo bastante, así que ungió a ese hombre en pócimas de mal olvido, del que no deja ni hueco bajo la alfombra ni mención que lo nombre ni sobresalto en su figura hecha sombra. Lo redujo a la mínima expresión sin mediar palabra, cuando él dormía, intentando dar un vuelco a lo que ya había sucedido y quedado subrayado en la línea del pasado. Tanto temblaba la dama que no era capaz de desintegrarlo con la mirada, así que intento reducirlo al absurdo o inexplicarlo por su contrario, pero ambos espectros se inanimaron en contestataria actitud sin querer acabar con el individuo y socarronamente se burlaron en plena invocación en medium de la mañana. Lo que hizo con él nunca nadie lo supo, dicen algunos que desafió al tiempo y se propuso no envejecer hasta que el hombre muriera, lo amordazó y dejó que el mismo tiempo que no pudo con ella, arrancara su vida poco a poco, con la rabia de la derrota mientras ella dibujaba la victoria en sus labios con una sonrisa que duró años. Otros dicen que simplemente puso tierra de por medio entre los dos, que se enterró en vida mientras el hombre la buscó desesperadamente varios años hasta que perdió las fuerzas y que ella ahora vive libre en las cloacas, sola, sin cuerpo, sin tener que cargar con aquel corazón que derramaba tanta mala sangre.
Por Nacho
