A noche viví uno de los mayores conciertos de de salón mi vida, y no me avergüenza decir que quizá haya sido el más grande.
Cinco hombres se subieron a un escenario triangular de 5×3 con una bateria, tres instrumentos de viento, guitarra, bajo y un teclado Hamond. Algo me decía que la puesta en escena de la banda iba a ser misión imposible para alcanzar su propio nombre, “los dinamitas”… craso error.
Eran las 11:00 y yo estaba harto de calentar mi cerveza en la mano cuando comenzaron a tocar para caldear el ambiente. Tocaron dos temas instrumentales de puro soul que fueron una maravilla, pero estábamos aún muy lejos de lo mas tarde llegariamos a escuchar. Entonces subió Charles, un hombre de unos cincuenta y pico, y todo cambió, ese preciso momento supe que estaba apunto de ver algo grande, muy grande. Charles Walker SOUL con mayúsculas.
Su garganta fue calentandose y su camisa empapandose de un sudor mágico, un sudor que en momentos no le permitia abrir sus ojos y menos ver al público entregado … en conexión.
Cerre los ojos y me fui, muy lejos, muy lejos. Lejos del Savoy, lejos de Gijon, lejos de Asturias, lejos de España, y creí estar en la america profunda de otro tiempo, a mi cabeza llegaron peinados, vestido y sobre todo coches, coches bifaro con morros infinitos y redondeados. Estaba en Chicago o New Orleans, mucho antes de que esta fuera una ciudad fantasma, pero sobre todo muy lejos de estos tiempos donde el soul, se simplifica en música negra, y el mercado del “Soul” es invadido por discos descafeinados donde lo unico que resalta es esa voz negra, pero muy lejos de la fuerza y rabia de James Brown o la delicadeza de Curtis Mayfield.
Desperte del viaje, y anter mis ojos, vi a seis hombres de Tennesse dando un show para en que habían nacido, sintiendo y transmitiendo lo que para ellos es la MÚSICA.
Y es que el discurso del predicador Charles Walker fue verdadero y así es como yo me hice creyente.
¡¡¡¡ Amen hermanos porque el verdadero SOUL no está muerto ¡¡¡¡