Con escarcha en la boca …

12 Nov, 2007

Siguiendo el rastro de la sangre

Posted by: Nacho In: Mundo Porfidio

Había varias puertas, era como un claro del bosque talado, pulido, barnizado y rematado con bisagras atornilladas a una madera, que ocultaba lo que de árbol pudo haber en ella y lo que detrás de la misma se encontraba. Pero yo sabía lo que reposaba en cada habitación, la minuciosidad de esa casa no se me podía olvidar a pesar de los años en el extranjero y los esfuerzos de mi memoria por olvidarla. Aquel hogar era un cúmulo de detalles milimétricamente planeados y todo lo que pareciera dejado al azar era pura provocación al crédulo o al principiante en cuanto a observación se refiere. Cualquier bolígrafo sin tapón, cualquier revista abierta o cualquier vaso con hielo a medio deshacer eran pura estrategia y no debía uno obviar esos despistes, ni tan siquiera tomarlos como tales, o mirarlos con condescendencia y compasión, sino que había que considerarlos como simples, pequeños y amenazadores peones asesinos en búsqueda de una muerte traicionera del más torpe observador jamás coronado. Yo sabía interpretarlos y nunca subestimaría aquel orden escrupulosamente planeado como desorden mínimo, con el fin de dar un toque de realidad a un hogar que carecía de ese aire de confortabilidad que debe poseer todo refugio familiar. Leía cada movimiento de mi padre en sus objetos, cada estado de ánimo se reflejaba en una forma de dejar caer un simple sobre en medio de una mesa desnuda (eso denotaba sin duda un ataque de orgullo), en un dobladillo arrugado del mantel (recelo y ensimismamiento) o en una, imposible de compaginar con el entorno, pelota de tenis en medio del pasillo (eso no era más que un ataque de celos). En ese momento me di cuenta que cuando vivía en esta casa, apenas hablaba con mi padre sino que lo hacía con sus objetos, con sus instrumentos de trabajo (profesor hasta la médula durante 43 años, ahora ya retirado del trabajo y de la vida) y con sus juguetes más o menos lúdicos en lo que se refiere a mis gustos (payaso de profesión, actor de vocación. Circense de carpa, mirada y vena) pero parques de atracciones a escala en diversos formatos para él. Ya fuera una serie de velas aromáticas o una colección de revistas de snooker (ambas cosas le apasionaban), para él todos sus objetos eran como pequeños niños malcriados, como si fuera un Guepetto rodeado de pinochos de distintos materiales y yo un huérfano que se pasó toda la vida abandonado por no formar parte de un fascículo o por no tener el decoro suficiente para caber en una estantería. Creo que mi padre nunca reparó en mí porque no me podía ordenar ni mover como una pieza que, una vez desplazada, espera impávido a que la vuelvan a ubicar en un nuevo emplazamiento, tanto da que sea más ofensivo que defensivo, aunque, pensándolo bien y siguiendo con el ajedrez maldito, es posible que un alfil muera un poco cuando ha de retroceder para salvaguardar la integridad de su rey, en lugar de dar rienda suelta a sus instintos más caníbales al avanzar en busca de bocado rival.

Y aquí es donde ahora me encuentro, cansado por el viaje y esperando entrar a su despacho para leer en sus objetos de escritorio lo que no me han dicho sus ojos en los 29 años de mi existencia. Intentando encontrar una grapadora mal plegada denotando una sonrisa de bienvenida (siempre tácita, sin regalar lo que para otros es de recibo) o quizás un clip deformado expresando frustración. Así espero, nervioso pero aliviado de no formar ya parte de este cuadro en este claro del bosque que me tuvo perdido toda mi infancia, sin saber si en verdad soy de carne y hueso o una nueva forma de expresión juguetona paterna, un alfil descolocado en un recibidor en la que la simetría me mira con ojos enloquecidos, riéndose de mí mientras el correo atrasado, acobardado y escabullido por la rendija que hay bajo la puerta, yace cerrado con fechas pasadas demasiado humillantes. Esta última señal hace que reaccione, que recuerde que aún me queda una lectura póstuma de esta casa que aún deberé paladear con tristeza. Que mi padre ha muerto y que cualquier figura, por triste que luzca ya, pueda ser un homenaje póstumo de su ejército inanimado y un nuevo mensaje críptico con el que olvidar mi duelo.

Nacho.

1 Response to "Siguiendo el rastro de la sangre"

1 | theeleb

November 12th, 2007 at 10:19 pm

Avatar

Me encanta, guapiiisimo!!

En tu linea nachete.

Comment Form

Frases

"La vejez nace cuando muere la curiosidad" - por theeleb
"Los amigos de los recuerdos, son enemigos del olvido" - por theeleb

Calendario

November 2007
M T W T F S S
« Oct   Dec »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930