Con escarcha en la boca …

24 Aug, 2008

El tuerto culpable ante el cíclope faro de la tiniebla

Posted by: Nacho In: Mundo Porfidio

¡Ya no hacen catamaranes como los de antes, maldito viejo de luz apagada, faro de las tinieblas almibarado con el paso del tiempo!, gritó el burgomaestre de la ciudad portuaria riéndose a carcajadas. Todo estaba en llamas, hasta las mujeres de los ediles, al tiempo que los vicarios sufrían de apoplejías alegóricas ante tanto revuelo en maniobra de atrancamiento. ¡Sesgad las isobaras y enriquecedlas hasta que se tornen isocuantas, pues llegan los mares del sur en vertiente huracanada, la pesadilla pirata y animal está de vuelta! Así denunciaron a Seymour Alcarria a los cuatro vientos mistrales, patrón de barco fantasma y yugogástrico rufián de galera balcánica.

Así también pisó tierra informe el capitán Seymour, ejemplo de batalla en la mar más alta, terror de piscifactorías y artificiero de eclipses compases capaces de retrovirar cualquier síntoma de tempestades, teniendo como prodigio añadido un biodramínico elixir a modo de aliento que templaba toda marea predecida, siendo, no más, un ser alitóxico como ninguno.

El marino de las profundidades era un pecio predador de bancos hundidos por naufragios capitales, cuyos dominios se extendían desde levante a la cornisa onírica, donde la corteza cerebral se difumina en península abandonada a la más divergente deriva. Los sueños eran su tripulación y la embebida muerte, desde niño sufrida entre tanta cubierta abordada, era su confiado faro que cualquier soledad ilumina.
Seymour ancló su esquife dejando caer una lágrima en el puerto para no sentirla tan seca y poder repostar durante largos tres meses que le harían añorar una vida de oleajes. Lo primero que hizo fue dedicarse a ojear los nuevos mapas cartografiados por la gente del lugar, en los que pudo maravillarse con las prodigiosas Indias y los colosos mares que aún le eran desconocidos. Después se paseó por las librerías en las que escribas relataban lo que de él se contaba a modo de tabloide de la época y que le hicieron jactarse de lo realizado y vanagloriarse de la leyenda que en estela le acompañaba. Bebió con los altos cargos del gobierno durante semanas y retrató con desaforada oratoria las criaturas que poblaban las aguas por las que tuvo a bien el deslizarse.
Cuentan las malas lenguas que nuca volvió a zarpar en cuanto se miró a un espejo y creyó reconocer en su reflejo a su torturado padre, que años atrás había sido presa de turcos y que logrando haber huido en una noche de luna nueva, consiguió nadar hasta que un barco pesquero obró el milagro de arrancarle de los brazos del ahogo. Aquel padre que se había ido con el vigor en la mirada y el valor como única bandera ondeando ante quien quisiera acercársele, se había convertido en un extraño despojo temeroso que sólo sabía retroceder y esconderse. Un día, habiendo terminado de cenar en compañía de unos comerciantes de tierras del este que habían venido a visitarle, hizo un aparte con su hijo Seymour para confesarle que nunca había temido tanto a los turcos en su periodo de cautiverio, como a la risa del mar cuando pierde el respeto a un marino que a sus ojos ya no es tal y que por mucho que se empeñe nunca será digno de acariciar sotavento al burlón barlovento que juez es en todo momento. Una vez dicho esto, aquel padre estalló en sollozos sin que el consuelo de su hijo medrase su ya para siempre extraviado norte.

No así coinciden los guarismos de estadistas que cifraron sus posteriores victorias navales en unas sesenta y siete, triunfo arriba o derrota abajo, que hacen que nos cuestionemos sobre la verdad de la historia, la cual nunca llega a ser del todo cierta en el momento en que cualquier ser humano pone su irremediable punto de vista cargado de una subjetividad que nunca se abandona y aún sabiendo que es así nunca se asume, sino que cínicamente se incide en su ausencia. Lo único cierto es que el mar seguirá juzgando a cualquiera que ose atravesarla, pues son sus entrañas extraño limbo en el que todos los que la cruzan (aún más los que la bucean), alguna vez han contenido aunque sea sólo por unos segundos, la respiración ante semejante monstruo de la naturaleza

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"La vejez nace cuando muere la curiosidad" - por theeleb
"Los amigos de los recuerdos, son enemigos del olvido" - por theeleb

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